Buscando un asiento

Y entonces dio media vuelta y subió a la luna a esperar pacientemente. Una luna construída entre los dos y hecha de ilusión. La que sueñan con ver juntos cada noche desde la ventana de la habitación. La luna que enamora a todos los enamorados y que él, por creer que nadie puede amar más, la ha declarado su territorio. La atalaya perfecta para poder cuidarla desde la distancia.

Mientras, ella se resitúa. Vuelve a recomponer el puzzle de piececitas pequeñas en el que se convirtió su vida de nuevo. Las junta todas y comienza a montarlo otra vez. Empezando por el marco, como siempre, para tener claros los límites. Luego, a definir las zonas más importantes. Despacio, pero con paso firme. Hasta tenerlo todo reestructurado de nuevo. Él intentará espiar con su catalejo, claro. Pero ella prefiere hacerlo sola y que no la vean. Hace que se ponga nerviosa.

Él bajará de nuevo cuando el puzzle esté bien definido. Entonces sabrá de nuevo qué lugar ocupa.