Desayuno

Son las 6 y media de la mañana y, viendo que ella sigue dormida, deciden ponerse en marcha para evitar que salga de casa sin desayunar. El exprimidor lleva ya rato empujando a la tostadora dentro del armario, intentando hacerla salir.

- Va, mujer. Tú eres más grande y más fuerte. ¡Empuja la puerta del armario de una vez!
- Sí, claro. ¿Y cómo bajamos luego hasta la encimera?
- De eso no te preocupes. Nos sobran cuerdas de escalada en forma de cable.


Así que la tostadora se decidió y abrió la puerta con un golpe seco. Junto con el exprimidor lograron descender a la encimera gracias al cable y la fuerza de la licuadora, que volvió a sentirse útil después de tanto tiempo de inactividad. Se repartieron el trabajo: él liberó a un cuchillo de uno de los cajones y al pan de molde que vive bajo los cubiertos, mientras ella puso todo su empeño en abrir la puerta de la nevera. Y cuando lo consiguió salieron de ella la bolsa de naranjas y la mermelada de mora dando brincos y gritos de alegría.

- ¡¡¡Ssshhh!!! Guardad silencio o la despertaremos antes de hora y no podremos sorprenderla.

Se notaba que el cuchillo era quien cortaba el bacalao en ese grupo. La orden la dio con voz enérgica, pero con una sonrisa en la cara compartida por el resto del equipo. Y fue él quien comenzó a ponerse manos a la obra. Ayudado por las extremidades de los electrodomésticos escogió las mejores naranjas y comenzó a cortarlas. Dos rebanadas de pan de molde salieron de su bolsa y se pusieron una sobre la otra para hacer de colchoneta a un vaso que hizo el salto del ángel desde su estantería. La tostadora comenzó a pinchar con su enchufe las mitades de naranja para exprimirles todo su zumo usando a su compañero de armario, a la vez que el recién llegado vaso se disponía a recibir ese delicioso jugo.

Cuando hubo acabado, la tostadora se secó la mano en un trapo de cocina y se enchufó para asar las tostadas, quienes se introdujeron en la ranura dando un doble mortal con tirabuzón carpado. Y mientras seguían su proceso, el exprimidor alargó el brazo hasta el armario de los platos para sacar uno de allí al más puro estilo de las actuaciones del Circo Chino, haciéndolo bailar sobre uno de sus dedos. Y ya finalizando el malabar, un mantelito llegó volando desde el tendedero para recoger al plato como si fuera una alfombra mágica, y cazaron a las tostadas que salieron de justo en ese momento realizando un mortal y medio perfectamente sincronizado.

Y nada más aterrizar el mantel, el sargento cuchillo comenzó a correr por la encimera y saltó sobre el fregadero metálico provocando un gran estruendo.

Ella se despertó sobresaltada, sin saber muy bien por qué, y se dirigió medio sonámbula a la cocina creyendo que sólo iba a por un vaso de agua.