Dr. Amor

- Servicio de urgencias del Dr. Amor. ¿En qué puedo ayudarle?
- Hola. Eehh .... Necesito los servicios del Dr. Amor urgentemente.
- ¿Qué edad tiene usted?
- Mmm ... Treinta y pocos
- ¿De qué se trata? ¿Infidelidad de su pareja? ¿Amor no correspondido?
- No, no. Ninguno de esos. Es algo más complicado ...
- A ver .... ¿Enamoramiento de una amistad de toda la vida? ¿Enamoramiento adolescente? - La operadora se dio cuenta que no tenía ningún sentido ese caso.
- Bueno ... Mi dolencia puede venir dada por eso, pero ... el problema es que tengo el corazón algo dañado, por no decir bastante. Y cada vez me cuesta más tirar de él.

Unos segundos de silencio

- ¿Qué edad me dijo que tenía? - La operadora parecía no dar crédito.
- Treinta y pocos - Su voz sonaba tenue, como avergonzada por la situación que estaba viviendo.

Más segundos de silencio

- Me comentan que si usted interpreta que vivir un amor adolesente puede ser una de las causas de tener el corazón en ese estado, va a necesitar que una unidad móvil se desplace hasta donde se encuentra en este momento. Deme la dirección del lugar donde está y en unos pocos minutos recibirá la asistencia que requiere.
- Muchas gracias.

Y tal como prometió la teleoperadora, un representante del Dr. Amor llegó en ese momento, con un gran paraguas bajo el que poder cobijarse de la lluvia que comenzaba a arreciar.

- Buenas tardes. ¿Usted llamó solicitando los servicios del Dr. Amor, ¿verdad?
- Así es. ¿Tanto se me nota? - por lo menos conservaba algo de su humor irónico, necesario tantas veces para afrontar situaciones delicadas.
- Ver que lleva el corazón con tiritas y tirado de un carro tras de usted es una pista casi definitiva, ¿no cree?

Ambos esbozaron una sonrisa no del todo forzada. El médico prosiguió, intentando adivinar la razón de los males de quien había llamado de manera desesperada buscando ayuda.

- Veamos ... Tenemos un corazón algo maltrecho por el pasado, normal en gente de su edad debido a las experiencias pasadas ... - tras un fugaz intercambio de miradas con el afectado buscando su aprobación, prosiguió. - pero con un aspecto muy saludable, y de un tamaño considerablemente mayor de lo que cabría esperar para una persona de su tamaño. Se podría decir que cabe mucha gente ahí adentro ...
- O que hay alguien que lo llena mucho.
- Sí. Cierto. ¿Usted que cree? Nos quedamos con mi teoría o con la suya?
- Con una mezcla de las dos - sonrió. Le sorprendía la manera de analizar que tenía el médico y su manera de hacerle hablar.
- Bien. Suponiendo que en ese corazón cabe mucha gente y que, además, una de las personas ocupa gran parte de él, creo que el "problema", si se puede llamar así, radica en ese parásito acaparador.
- ¿Parásito? ¿Por qué tiene que ser un parásito?
- No se sulfure. Sólo es terminología médica. Eso no quiere decir que sea algo malo - pero el médico ya sabía que, en un principio, esa persona no le estaba haciendo daño. Y prosiguió - sino que es alguien que está acomodado en su corazón y que está a gusto allí.
- Eso parece.
- Ya ... pero lo que veo es que esa tirita .... Esa herida no acaba de estar del todo cicatrizada, ¿verdad? Y el ensanchamiento repentino del corazón sin haber curado esa herida puede producir problemas.
- Esa es la cuestión, doctor. Yo pretendía estar tranquilo y curar bien esa herida para poder tener el corazón a pleno rendimiento antes de dejar entrar a nadie más, pero .... No sé que ocurrió. Se lo prometo - una lágrima empezaba a bajar por la mejilla del paciente.
- No se preocupe. Vamos a ver ... ¿Nota tirones en esa zona que está cicatrizando?
- Al principio sí ... pero ahora no sé si los noto, o son el reflejo de los que sentía. Al no haber estado del todo restablecido no sé si son provocados por la propia curación o por el agrandamiento del corazón.
- Mmmm ... De acuerdo - el médico empezó a anotar algo en su cuaderno de recetas.
- Yo ... ¿es grave? ¿Voy a tener que tomar medicación? - se estaba poniendo nervioso. No soporta las pastillas.
- Nooo. Que va. En nuestro centro no somos partidarios de la medicación en estos casos. Únicamente cuando llegan muy al extremo y en esta ocasión creo que lo cogimos a tiempo.
- Vaya. Me alegro - un suspiro de alivio y un esbozo de sonrisa iniciaron y cerraron la frase.
- Mire ... Le voy a recetar un par de alternativas y usted escoja la que crea más conveniente. Ya que yo no vi el estado inicial de esa herida no puedo evaluar su evolución, así que confiaremos en su buen juicio. Váyase a casa, destape esa herida y mire como está. Sin miedo. Usted sabe a que ritmo se ensancha su corazón y puede preveer si eso puede afectar a su cicatrización. Al mínimo indicio de reapertura de esa herida intente que esa persona no ejerza tanta fuerza sobre usted. Que vaya con calma y deje que todo siga un curso sin prisa pero sin pausa.
- ¿Y si la herida está bien y puedo ir aguantando esos tirones? -
ambos sonrieron.
- Entonces disfrute de ese ensanchamiento. Llévelo con alegría y un buen día la tirita se habrá caído e incluso esa costra incómoda que da esos tirones a veces. La cicatriz es inevitable, pero creo que eso ya lo sabe usted.
- Sí. Lo sé. Muchísimas gracias, doctor.
- De nada. Un placer poderlo ayudar.




I vet aquí un gos, vet aquí un gat
que aquest conte s'ha acabat.

I vet aquí un gat, vet aquí un gos
que aquest conte ja s'ha fos.