El banco

Érase una vez que se era un banco de madera. Su creador lo construyó porque pensó que era buena idea poner al otro lado del camino que pasaba por delante de su casa un lugar donde los caminantes pudieran descansar. Así que se puso manos a la obra y diseño un precioso y cómodo banco en madera de pino y lo ubicó justo delante de su casa. Los primeros excursionista que pasaron por allí no tardaron en agradecerlo y aprovechaban a veces para tomar un tentempié o incluso para comer unos bocadillos y reponer fuerzas más contundentemente.

Un día, una chica que pasaba a menudo por las tardes por allí, se miró el banco de reojo. Miró a un lado, al otro y, después de asegurarse de que nadie la veía, se desató el jersey que llevaba anudado a la cintura y, acomodándolo a modo de almohada, se estiró sobre el banco a dormir la siesta.

Ona siguió descansando allí cada tarde durante días. Semanas. Meses. Y lo que eran siestas se acabaron convirtiendo en largas cabezadas acompañadas de preciosos sueños. Hasta que un día se despertó justo en el momento en el que dos caminantes pasaban por allí y entonces pensó que el banco no había sido construído para ella, y que no tenía derecho alguno a quedarse dormida en él. Así que la tarde siguiente, al pasar por allí, se quedó sentada al otro lado del camino mirando el banco, y vio como algunas personas se quedaban mirando el banco al pasar. Otras se disponían a sentarse pero al hacerlo se encontraban incómodas y no tardaban ni un minuto en levantarse y seguir su camino.

Vicente, el carpintero, se dio cuenta de lo sucedido y una tarde bajó donde estaba sentada Ona y le dijo: "¿Todavía no te has dado cuenta de que mi banco ahora solo te quiere a ti?". A lo que Ona le contestó: "Sí. Sólo quiero que deje de estar acostumbrado a mí. Cuando eso suceda me iré".

Hace 3 semanas que Ona ya no viene por aquí y la situación sigue igual, sólo que ahora nadie ni siquiera mira al banco. La hierba que creció a su alrededor debido a que la gente no pisaba por allí lo hace poco visible. A él le gustaría volver a cuidar de los sueños de Ona, o de cualquier otra persona. O a acomodar a personas que vengan de paso. Pero ahora ya es muy complicado.

2 comentarios:

  David

18 de gener de 2009, 21:08

hombreee! una capa de pintura y como nuevo! :D

  marc

18 de gener de 2009, 23:39

David: Un día Ona apareció vestida con el mono de trabsjo, mascarilla, lijadora en mano y con un bote de barniz :D