Los amantes imantados

Sólo se ven los fines de semana. Durante los cinco días laborables no deja de pensar en ella ni un segundo. Vive y trabaja únicamente para salir zumbando con el coche el viernes a la salida del trabajo en dirección al aeropuerto. Y en el instante que su vista la reconoce, su corazón se dispara y sus piernas corren hacia ella hasta que ambos se placan en el aire y sus cuerpos se unen para no volverse a separar hasta el domingo.

Esos dos días y medio están permanentemente juntos. No se dan respiro. Pero son caracteres tan pasionales, tan iguales, ... Intentaron llevar una vida de pareja convencional, pero les fue imposible. Cuando se ponen a ese nivel se repelen. Sus puntos de vista en muchos aspectos están separados por distancias abismales. Para poder estar juntos sin discutir cada dos por tres deberían cambiar, pero ninguno de los dos está dispuesto a hacerlo porque entonces dejarían de ser ellos mismos, y eso afectaría seguro a esos rasgos que crean una atracción tan tremenda. Y es que tienen tantísima sintonía ... cuando disfrutan de esos momentos juntos no se imaginan que pueda existir nadie en el mundo con quien se pueda tener esa química que los une. Es la manera en que se miran, el amor con el que se rozan, la pasión con la que se aman, ... Es absolutamente bestial.

Y cuando llega el domingo deben volver a separarse. Saben que debe ser así pero es que es tan difícil ... Tienen claro que no pueden vivir una vida en común de esta manera, pero aún así el momento de la despedida es complicado. Si no fuera por el agente externo, que el avión sale a una hora determinada, ella no saldría del coche. Y él no la echaría. La fuerza que hay que hacer es tremenda.

Dos imanes que en cierta posición no podrías separar jamás. Pero que posicionándolos de otra manera es imposible unir.