Sorpresa, sorpresa

A Glink le divirtió mucho cuando lo escuchó ese sonido. A priori no era algo que un humano podría calificar como bonito, pero sí podía asemejarse al crepitar de unos trozos de leña ardiendo en el fuego. Así que cuando dejó de oírlo necesitó más.

Fue a buscar a Brodolar, su amigo del alma. En la aldea no daban crédito como dos seres tan diferentes y con edades tan dispares podían haber entablado una amistad tan fuerte. Y aún más sabiendo que los Guibör, especie a la que pertenece Brodolar, solo suelen interactuar con sus semejantes. Pero el caso de nuestros dos amigos es diferente. Glink, al verlo de lejos, corrió en su busca y lo agarró inmediatamente de la mano e intentó volver a su punto de partida tirando de Brodolar, cosa imposible debido a que este último debe pesar 10 veces más.

- ¿A dónde me llevas?
- Es una sorpresa


Una vez llegaron al sitio de los ruidos misteriosos, Glink se dirigió a su compañero de travesía y le dijo:

- ¿Ves ese caminito que se adentra hacia el bosque? De allí nace un sonido muy especial. Yo lo encuentro precioso. ¿Puedes acercarte para saber de dónde proviene? Yo soy demasiado pequeño para bajar por esta ladera.
- No hay problema, Glink. Ahora voy y lo averiguo.


Brodolar comenzó a descender rumbo a la entrada del bosque. Segundos después de desaparecer en su interior un ronco maullido y un golpe seco se oyeron y acto seguido la cabeza de Brodolar apareció rodando por el inicio del camino. Y después, la paz y el sosiego del crepitar de la leña a lo lejos, o del crujir de los huesos de Brodolar en la boca de un enorme Táctoga.

1 comentarios:

  Bruixeta

9 de gener de 2009, 0:27

En fin....hay amores que matan...