Standby

- Lo siento pequeñajo, al congelador otra vez - dijo soltando un suspiro.
- Bueno - pensó su corazoncillo mientras sonreía - por lo menos en esta ocasión mereció la pena salir.

Hace ya tiempo que Víctor decidió no negarle nada a su pequeño compañero. Aún sabiendo lo dolorosas que pueden llegar a ser las rupturas y los desengaños siempre pensó que compensa; que no vale la pena renegar del amor una vez te ha atrapado y calado hasta los huesos.

Por eso vive intensamente y se vuelca en la persona amada. No entiende cómo se puede querer a alguien si no es dando todo lo mejor de uno para la felicidad del otro, sin esperar además ser correspondido. Porque eso tampoco es tan importante para Víctor.

Quizá sea esa la razón por la que está de nuevo frente al congelador, con el corazón en la mano y dispuesto a darle un descando tras esa fría puertecita que acaba de abrir. Se ofrece de tal manera sin mirar más allá, con tanta intensidad, que pierde de vista la realidad y cuando quiere darse cuenta ella se quedó atrás. Él no deja de dar, amar, querer, ... y no se percata de cuando ya no van ambos de la mano. Y cuando cae en la cuenta se encuentra con millones de toneladas de amor y sentimiento por dar, y nadie a su lado dispuesto a rebirlas.

Entonces sabe como trampear la situación. Sólo debe engañar a su coranzoncito un rato hasta llegar a casa, respirar hondo para que el dolor no sea muy grande en el momento de desprenderse de él y conservarlo en el congelador un tiempo hasta que su cuerpo esté en condiciones de aguantarle otra sobredosis de sentimientos.

Víctor cierra la puerta. Da dos pasos y se rompe. Primero se queda sin respiración y dos enormes lágrimas brotan por fin liberadas de sus ojos. Su grito desesperado de dolor es inaudible, pero sólo para aquel que no ve su cara. Se lleva la mano al agujero del pecho para asegurarse que ya no está ahí; que no va a sufrir. Y en ese momento hinca sus rodillas en el suelo y grita, ahora sí, rompiendo a llorar mares de desolación y maldiciendo la forma de amar que tiene el hijo de puta que acaba de condenar.

- Ojalá te enfríes tanto que ni siquiera recuerdes cómo es el calor de un abrazo.

Sólo será una temporada. Lo sabe. Pero así como permite que su corazón ame libremente, él también quiere vivir intensamente el dolor de sentirse abandonado.

C'est la vie.