Mi segunda vez

Los nervios me tienen prácticamente paralizado. Es la segunda vez en mi vida que hago esto, unos 15 años después de la primera, y eso se nota. En esa ocasión me vi impulsado por los compañeros de Universidad, ya que quien más quien menos había pasado por esa experiencia. "Al principio es algo extraño, frío, .... Pero compensa". Intenté convencerme de que esa era la idea con la que debía ir, pero lo que me impulsó de verdad fue el descubrir qué se sentía al hacerlo; tener esas mariposas en el estómago ante lo desconocido.

La puerta se abre despacio, o por lo menos esa es la impresión que me da. Y tras ella, ella. Mis ojos la recorren de arriba a abajo pero mi atención se fija sólo en su bata blanca y sus manos. Sus manos ...

- ¿Puedo pasar?
- Claro


La estaba esperando. Llega 5 minutos tarde, pero no importa. Aún habiendo pronunciado un par de paabras con su cálida voz mi cuerpo continuaba congelado. Y ella, a pesar de estar de espaldas a mí, parecía haberse dado cuenta que no me moví un milímetro desde que entró. Se gira y, mirándome de reojo, me pregunta:

- ¿Quieres que te ayude a desvestirte un poco?
- No, no .... Ya puedo yo.


Por fin reacciono. Ya está. No es momento de dar marcha atrás. El bombeo de mi corazón se acelera y eso ayuda a que la escarcha que me cubre vaya desapareciendo. Me despojo del jersey y respiro hondo a la vez que cierro los ojos. Y al abrirlos, ya no está ella. Estás tú.

- ¿Prefieres estirarte?
- No. Si no te importa, hagámoslo en la silla


Me sonríes. Te acercas a mi derecha y acaricias mi brazo. Vuelvo a tomar aire profundamente.

Esta vez, sólo ésta, lo hago contigo. Todas las que vengan detrás serán diferentes; pero esta vez será sólo por y para ti, aunque sea en mi imaginación. Estarás conmigo todo ese tiempo y coparás mi pensamiento. No quiero que nada ni nadie nos quite ese momento.

- ¿Qué tal? ¿Estás bien?

Al abrir los ojos ya no estás. Su sonrisa no es ni de lejos tan luminosa como la tuya, ni sus manos tan delicadas. Al quitarme la goma del brazo me tiró de los pelos y al sacar la aguja de extracción de sangre me hizo daño, pero no importa. Ya está hecho. Volví a donar sangre de nuevo, y en esta ocasión convencido de por qué lo hacía.

Ahora sólo queda acostumbrarse a ello y no tomarlo como algo personal.

1 comentarios:

  Maria

1 d’abril de 2009, 23:27

Estuviste conmigo todo ese tiempo y copaste mi pensamiento (aunque escucharte recitar a Marti i Pol ayudó bastante)
Nada ni nadie nos quitó ese momento.