Sara quiere ser princesa


(Imagen propiedad de Amelie)

Mucha gente cree que está loca. Que quede entre tú y yo, ¿vale? Incluso sus mejores amigas, aquellas con las que prácticamente se ha criado, la dejaron por imposible. “Sara … que los cuentos de hadas sólo son eso: cuentos”. “No existen los príncipes azules. Eso sólo son historias que nos venden para generarnos ideales de felicidad”. Pero nada. Sara, a sus treintaytantos sigue alimentándose de historias románticas no aptas para diabéticos.

No puede evitarlo. Unas veces es el brillo de los ojos; otras, los andares, o la manera de brincar cerca de una charca, o los tirabuzones que hace la lengua en el aire para cazar una mosca al vuelo, … Cuando ve una rana que le llama la atención por alguna razón, piensa: “¿Y si ésta es mi príncipe?”. Se acerca. Coquetea con todo el disimulo que puede. La acaricia, la mima, se acerca más, la besa … y la rana responde con un sonoro “croack” que, sin embargo, no la hace despertar de su sueño.

Y entre ranita y ranita, Sara sigue saboreando los corazones dulces de las historias de amor que lee, ve, abraza y siente como suyas. Como si la que acaba de calarla hasta la médula fuera la que está segura que vivirá con la próxima rana que bese.

Sara … Quiero decirte algo si me lees: esas historias son preciosas y yo, como tú, creo en ellas. Mi boca se inunda del sabor de todas esas relaciones al hacerlas mías. Pero … permíteme un consejito: deja un espacio entre cuento y cuento para consultar la wikipedia y poder diferenciar en un futuro ranas de sapos. Tu porcentaje de éxito aumentará ;)

1 comentarios:

  Amelie

8 de juliol de 2009, 20:46

me da a mi que al final irá al supermercado de los sapos y ranas de segunda mano a ver que encuentra, pero lo importante es que sea feliz y siga intentandolo :D