Poseído

Hay momentos en los que un demonio perverso te domina. Te invade. Se hace con el control de tu ser y te hace perder el mando sobre tu cuerpo y tu mente, siendo extrañamente consciente de ello. Es como cuando la llamada del sexo salvaje se apodera de ti, o cuando arremetes contra un rival sin importarte las consecuencias sólo por ganar una competición.

El diablo, el mal, tu lado oscuro de la fuerza manda en esos momentos. Te saltas todas las normas y saboreas la sensación de hacerlo. Te gusta. La adrenalina te corre por las venas y tu cuerpo te pide más. No importa lo que haya que hacer si con ello se va a conseguir el objetivo, sin importar tampoco las repercusiones que ello pueda tener. Da igual.

Luego... ya está hecho. Segundos después de lograr lo que querías te quedarás viéndote en un segundo plano preguntándote por qué, qué te impulsó a ello. Mientras, la sombra demoníaca que antes moraba en ti se alejará lentamente, con una risa de satisfacción por haber realizado su trabajo a la perfección.

5 comentarios:

  Eli

9 d’agost de 2009, 18:20

A veces ni siquiera te lo preguntas. Simplemente lo haces y ya está.

  Deric

9 d’agost de 2009, 19:38

sí, el dimoni marxa, però tu et quedes i has d'assumir les conseqüències del que ell ha fet.

  David

9 d’agost de 2009, 20:17

¿qué has hecho esta vez? yo no vuelvo a pagarte la fianza, eh! :D

  Toni Delgado

26 d’agost de 2009, 1:58

La sociedad impulsa, repulsa y también frena al dimonio. Escribir con gracia, ritmo y discurso es complicado. Tú lo consigues: felicidades. Te propongo un intercambio de enlaces. El mío es Cronómetro de Récords (www.cronometroderecords.blogspot.com) y participa por Deportes en el concurso de 20 minutos.

Un saludo y ya dirás qué te parece la propuesta,

Toni

  Deprisa

30 d’agost de 2009, 15:56

Te entiendo perfectamente. Los demonios son rebeldes de por sí y no les gustan que les tengamos atados y amordazados tanto tiempo.

A veces necesitan un poco de alcohol para soltarse y poseernos.

Un saludo,
Deprisa