Volatilidad

Llegó a lo alto de su mano. El brillo de sus ojos, los de ella, le decía a él que era imposible ser más feliz. Su piel, la de él, se estremecía en los brazos de ella al sentirse bien siendo vulnerable. Y de repente él gritó desesperado. Comenzó a caer a una velocidad de vértigo. La fuerza que lo había enviado más allá de las nubes desapareció cuando él se dio cuenta de la volatilidad de ese momento. Y ahora, descendiendo tan rápido, la angustia no podía abandonar su garganta.

Al tenerla delante, al disfrutarla y haber compartido con ella la delicia de la culminación del amor, estiró los brazos, tantísimo como pudo, para atrapar ese momento y ponerle un lazo. No pudo. Era tan inmenso ese sentimiento que, a pesar de tener una gran envergadura, le fue imposible envolverlo para regalárselo. Quería que se lo llevara con ella y que, cada vez que así lo quisiera, desempaquetara ese instante para recordar su cara de felicidad reflejada en los ojos de él. Su fracaso le cortó las alas y lo hizo caer al vacío hasta dar de golpe contra el suelo.

A pesar del paso del tiempo, sigue recordando ese momento. Y, aunque el sentimiento sigue intacto, cada vez el dolor producido por la caída es menor. Puede que sea porque recrearlo no le lleve tan arriba; puede que saber que no era necesario regalarle ese instante le sirva de colchoneta.

Pero, aunque no tenga sentido, siempre se preguntará: “¿Y si se pudiera sentir ésto así de real siempre? ¿Y si algo pudiera ser tan bueno de nuevo?”

If everything could ever feel this real forever
If anything could ever be this good again


1 comentarios:

  Deric

18 de novembre de 2009, 14:17

Per sort el temps cura les hosties que ens dóona la vida