Cupido y Psique

Dormí una larga siesta porque desde las 12 de la noche de hoy voy a estar con los ojos bien abiertos. Te aseguro que, como te vea, este año no te libras de una muerte segura. En cuanto vea uno solo de esos ricitos rubios, mi rifle te disparará a dar. Y te aviso: yo no llevo los ojos vendados.

Me has dado tanto por culo y me has hecho sufrir tanto que te lo mereces. He llegado a la conclusión de que generas en mí, y en el resto de tus víctimas, una gran mentira e ilusión. Y yo, por mi parte, no pienso darte más cancha. ¿Por qué lo haces? ¿Tanto te cuesta quitarte esa puñetera venda y asegurarte que tus flechas van a dar en los blancos adecuados? Porque disparando de esta manera sólo consigues que el número de miembros del club “Odiadores de Cupido” aumente. ¿No te das cuenta del dolor que ocasiona una ruptura?

Va acabar contigo porque, por lo menos conmigo, no te has portado nada bien. Me has propinado ya 10 flechazos de los que van directos al corazón y que parecen no ofrecer ningún tipo de duda, a pesar de las traumáticas experiencias anteriores. ¿Por qué nos engañas así? No vale la pena. No señor. Te tomas la libertad de ir usando tu arco a diestro y siniestro sin pensar en las consecuencias porque, amigo mío, el rencor e incluso odio generado por los desencuentros acaba pesando mucho más que otro sentimiento. Es por eso que este año yo haré lo mismo que tú, sólo que tomando conciencia y asegurándome de quien reciba esa bala letal entre ceja y ceja seas tú: el niño eterno de las alitas en la espalda.

¿Me quieres decir por qué debería dejarte vivir? ¿Sólo por aquello que generas al principio? ¿Por esos subidones que experimentas al ver a la persona amada o al rozar su pelo por primera vez? ¿Por ese encogimiento del estómago cuando aguantas esa mirada frente a frente y no sabes si arriesgarte a besarla? ¿Por ese alivio y enorme satisfacción de ese primer beso? ¿Por los escalofríos de los abrazos? ¿Por lo incendios de las caricias prohibidas? ¿Por las comunicaciones de las miradas cómplices? ¿Por las sonrisas que compensan cualquier sufrimiento? ¿Por … ?

¡Oh, Dios! ¡Eres un cabrón! ¿Por qué apareces ahora? ¿Por qué te quitas la venda y me miras así? ¿Por qué me dejas sin fuerzas ante tus ojos? ¿Por qué? ¿Por qué hiciste blanco en mí con tu saeta después de clavártela tú? ¿Por qué me enamoraste de ti, amor?

Música: Enamorado del amor - The Ramblers

1895, William Bouguereau, Le ravissement de Psyché