Knocked out


Bajo la ducha, con el agua caliente cayendo sobre su golpeada cabeza, todo se ve diferente. En el calor del combate no hay dolor. Los músculos son de acero y la cara una roca que, aunque se agriete en ocasiones mostrando un hilo rojo de carácter humano, se mostrará impenetrable ante el contrincante. Las sensaciones desaparecen y el mundo no vuelve a girar hasta oír la campana que señala el final de la lucha.

Bajo la ducha las costillas empiezan a hacerse notar, las gárgaras de agua caliente salen de su boca acompañadas de sangre, los nudillos despiertan de su letargo y el rostro pierde el orgullo de boxeador y comienza a desfigurarse. Pero no importa. Ganó de nuevo. Otro combate finalizado en pie. Otro combate en el que hizo besar la lona a su adversario.

Bajo la ducha los ojos se cierran buscando el descanso del guerrero. La cabeza atrae los pinchazos de sus abdominales, de sus pantorrillas y del resto de músculos involucrados en la batalla que se acaba de librar. El calor y el vapor lo estremecen y hacen flaquear sus piernas. El luchador implacable vencido por unas cuantas gotas de agua tibia.

Bajo la ducha los párpados ceden, el sentido se aleja y la torre de Hércules se desploma. Su vida se aleja por el reguero que emana de sus sienes camino del desagüe. El campeón vencido por KO en su propio vestuario.

Ni siquiera bajo la ducha debía relajarse. Y menos aún después de hacer tratos deshonestos con gente vestida de traje. Y todavía menos después de haber incumplido el pacto. Sabía del riesgo que corría tomando el pelo a la familia, y aún así, a sabiendas que una 9mm le susurraría al oído su final, quiso ganar a costa de perder su vida.

¿Por qué?

1 comentarios:

  Eva

8 de febrer de 2010, 20:17

A veces la determinación es más importante que cualquier otra cosa. Incluso que la propia vida.
Y la debilidad acaba saliendo en los momentos que uno menos se lo espera.