Dedos

Hoy entró al comedor del restaurante una mujer de cuerpo agraciado, apuesta, de rostro cuidado y cabello bien peinado y recogido en una larga coleta. Muy bonita a la vista, ciertamente. Y como diría el tópico, "una chica de su tiempo", ya que al sentarse a la mesa lo primero que preguntó fue dónde estaba situado el enchufe más cercano para poder conectar su ultraportátil.

De vez en cuando, mientras me comía un lomo de deliciosa merluza confitada, la miraba. Estaba atenta a la pantalla de su ordenador a la vez que degustaba su ensalada con queso fresco y romesco. De vez en cuando usaba el pad con sus cuidados dedos para mover el ratón. Me llamó muchísimo la atención el movimiento de esos dedos, y más aún cuando, ya con su postre en la mesa, se posicionó de manera que me permitía ver su mano enteramente. Los dedos parecían sólo rozar el teclado. Como si formaran una compañía de ballet, comenzaron un hermoso baile brincando de tecla en tecla. Cada paso, una letra. Cada tantos, una palabra. Su coreografía formaba mensajes para mí ininteligibles pero sólo me bastaba comprender la belleza de ese baile que, para ella, no dejaba de ser una acción cotidiana y, seguramente, en ocasiones forzada debido a su trabajo.

Hoy quedé maravillado por ese gesto tan lleno de encanto para mí como de rutina para ella. Y por eso no pude reprimir la tentación de fotografiar ese instante, usando mis dedos inmóviles desde hace ya más de 15 años.

3 comentarios:

  Guspira

26 de maig de 2010, 19:37

Petits gestos, diferents mirades, diferents valors...
Una abraçada!

  David

26 de maig de 2010, 20:06

:_)

  Lexy

2 de juny de 2010, 22:33

¿Quién dice que la rutina no puede traer consigo sorpresas? :)